ACTOS DE HABLA
A diario realizamos una gran cantidad de acciones con un propósito determinado, por ejemplo, salir, saltar, saludar, entregar, besar, regañar, etc. Algunas de estas acciones, como salir, saltar o besar, no se realizan mediante el uso lingüístico. Por el contrario, otras acciones, tales como saludar o ragañar, se llevan a cabo mediante espresiones del tipo: ¡Buenos días! O ¡Llegaste tarde”
Por tanto, el lenguaje sirve también para “hacer cosas” como saludar o despedirnos, dar o solicitar información, felicitar, quejarnos, llamar la atención, etc.
Cada vez que construímos y emitimos un enunciado con estos fines, estamos realizando un acto de habla. Este acto de habla constituye la unidad mínima de la comunicación lingüística.
Lo que decimos y lo que hacemos con lo que decimos
En todo acto de habla están presentes dos hechos:
Lo que decimos con un enunciado contruído a partir de unas reglas. Por ejemplo, ¿Que hora es?; Iré a visitarte: te prometo; ¿Cómo estás?; Está lloviendo en el centro; ¡Tonto!; ¡Felicitaciones!
Lo que hacemos, pues un mismo enunciado nos permite realizar dos o más acciones. Por ejemplo, al decir “¿Madrugaste?” podemos, según el contexto, formular una pregunta o expresar una ironía.
Sucede también que, para llevar a cabo una misma acción, nos servimos de anunciados diferentes. Por eso un acto de habla permite la realización de una acción comunicativa con una intención determinada que puede ser preguntar, comprometerse, saludar, saludar, informar, felicitar, etc.
El éxito comunicativo
Junto a lo que el emisor “dice” y lo que “hace” por medio de lo que dice, existe un tercer aspecto importante de los actos de habla: el efecto que logra. Cuando el efecto del acto de habla coincide con el propósito del emisor, podemos decir que hay éxito comunicativo.
Por ejemplo, supongamos que en medio de una conversación Pablo le dice a Juliana: “ya está lloviznando”. En este caso, el éxito comunicativo de Pablo depende de tres factores:
Juliana debe saber interpretar el significado del acto de habla gracias a su conocimiento de las reglas que constituyen el código de su lengua. Esto no ocurrirá si Juliana desconoce el significado del verbo lloviznar.
Juliana debe reconocer la intención de Pablo: ¿está informándole de un acontecimiento?; ¿está sugiríendole, por el contrario que abra el paraguas que lleva? La interpretación de Juliana depende de su conocimiento de las condiciones en las que Pablo realiza el acto de habla.
En Juliana debe producirse el efecto perseguido por Pablo. Juliana puede interpretar correctamente el enunciado, pero reaccionar de un modo diferente al esperado. Así, por ejemplo, Juliana puede responder “Pues te aguantas”, en vez de abrir el paraguas, que es lo que esperaba conseguir Pablo.
PREGUNTA: ¿Cuándo hay un éxito comunicativo?