BALDOMERO SANÍN CANO (1861 – 1957)
Escritor colombiano que desempeñó tareas docentes y ocupó cargos públicos y diplomáticos. Desde su juventud se sirvió de la prensa para defender sus planteamientos políticos liberales y para impulsar la renovación cultural en su país. El modernismo le debió en buena medida su existencia y sus peculiaridades. Por entonces se mostraba como un positivista peculiar, decidido a captar las relaciones de la literatura con las circunstancias en que se había producido, confiado en la capacidad regeneradora de la educación y atento a los valores del espíritu.
El tiempo y el exilio lo enriquecerían luego de escepticismo, que nunca le impidió ser un analista serio, y a la vez generoso, de la vida política y cultural de Colombia. Sólo tardíamente publicó libros que recogían parcialmente sus escritos: La civilización manual y otros ensayos (1925) fue el primero, y merecen mención también Indagaciones e imágenes (1926), Crítica y arte (1932), Ensayos (1942), Letras colombianas (1944), sus memorias De mi vida y otras vidas (1949), El humanismo y el progreso del hombre (1957) y Pesadumbre de belleza (1957).
Sanín Cano recopiló en algo más de media docena de volúmenes los trabajos que consideró más interesantes de su obra. Libros más antológicos que monográficos, donde recoge artículos de prensa y revistas, creando un cuerpo de ideas que ofrecen al lector un vigoroso trazo de su pensamiento. Influenciado por Enrique José Varona y Jorge Brandes, logró rectificar el descrédito en que había caído un género donde era habitual creer que para su ejercicio no se requería preparación cultural y menos aptitudes literarias.
En Varona aprendió la voluntad de investigar con método y seriedad antes de opinar, y la necesidad de tener un vasto conocimiento de la historia de los pueblos, en especial de los latinoamericanos. Como Varona, a Sanín Cano también le interesaron la política, la pedagogía, la sociología, la literatura y la filosofía. Su afinidad con Brandes no sólo fue formal –ambos asumieron una postura irónica y escéptica ante el mundo de su tiempo– sino que debieron reaccionar contra las sociedades retardatarias donde habían nacido: contra la ortodoxia protestante danesa y el tradicionalismo católico colombiano.
Escribió sobre Taine, Nietzsche, Ibsen, Altemberg, Woodsworth, Marinetti y Eliot, sin olvidar a sus poetas preferidos: Silva, Darío, Lugones, Barba Jacob, Caro y Storni. Su estilo es ecléctico, pues toma un poco de diversos modelos sin adherirse dogmáticamente a ninguno, desarrollando una crítica orgánica, fundamentada en la observación atenta del texto y en la investigación del temperamento del escritor. Se aleja así de la valoración superficial o impulsiva, que los periodistas suelen practicar, y supera también las limitaciones del impresionismo modernista.
→ Considerado por muchos como el principal crítico literario de Colombia, Baldomero Sanín Cano conoció a Silva hacia 1886, cuando Silva acababa de volver de París y Sanín Cano empezaba su vida bogotana como administrador del tranvía de mulas después de haberse desempeñado como maestro de escuela en Antioquia, su tierra natal. Su amistad intelectual fue fructífera para ambos escritores. A Sanín Cano debió Silva su conocimiento de Nietzsche, y fue por Silva que Sanín Cano llegó a conocer mucho de la literatura francesa de la época. A la muerte de su amigo, Sanín Cano se convirtió en uno de los más importantes promotores de la nueva literatura. Entre los jóvenes escritores con quienes después se relacionó, el más importante fue Guillermo Valencia, poeta de espíritu parnasiano que escribiría un poema dedicado a Silva, "Leyendo a Silva".
PREGUNTA: Sanín Cano, fue considerado: