Los Recursos Estilísticos o Literarios
Por medio de estos artificios retóricos el escritor intenta llamar la atención del lector gracias a su belleza, ingenio, sensibilidad, dificultad, ritmo o trabazón. La utilización de recursos literarios aleja la lengua poética de la lengua cotidiana, embelleciéndola y estilizándola. Con ellos, el poema puede tener dos niveles de análisis: interno (relativo al contenido, al tema del que se trata) o externo (relativo a la forma del poema, esto es, la unión de recursos métricos y recursos estilísticos). Existe un gran número de recursos estilísticos, aunque a continuación ofrecemos sólo los más frecuentes:
Aliteración: repetición de sonidos, sobre todo consonánticos, a lo largo de un verso o de una estrofa. Con este recurso, el autor intenta recordar el significado de lo que está expresando por medio del sonido repetido: “con el ala aleve del leve abanico” (Rubén Darío).
Onomatopeya: imitación de sonidos reales. Es un recurso muy utilizado en el lenguaje de los tebeos: ¡boom! ¡zas! ¡pío pío! ¡guau guau!
Paranomasia: utilización de palabras de sonido parecido, aunque con distinto significado: “como tontos, como tantos, como todos” (Gabriel Celaya).
Epíteto: suelen ser adjetivos que destacan una cualidad de un sustantivo que es suficientemente conocida y aceptada: la verde hierba, la blanca nieve.
Pleonasmo: insistencia innecesaria para dejar claro el sentido de una oración o verso. Suele ser muy corriente en el habla coloquial: Lo vi con mis propios ojos.
Elipsis: supresión de algunos elementos en un verso ya que quedan sobreentendidos. Este recurso dota al poema de rapidez, brevedad y concisión: “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... ¡yo no sé qué te diera por un beso” (Bécquer)
Hipérbaton: alteración del orden lógico de las palabras de un enunciado oracional: “Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar” (Bécquer)
Polisíndeton: utilización de más conjunciones de las que son necesarias. Dota al verso de lentitud y solemnidad: “Alguien barre / y canta / y barre / -zuecos en la madrugada” (Rafael Alberti).
Asíndeton: omisión de las conjunciones que son necesarias en un verso. Dota al verso de rapidez: “Para la libertad, sangro, lucho, pervivo” (Miguel Hernández).
Anáfora: repetición de una o más palabras al principio de varios versos: ¿Por qué fue desterrada la azucena, por qué la alondra se quedó sin vuelo, por qué el aire de mayo se hizo pena bajo la dura soledad del cielo? (Rafael Morales)
Paralelismo: repetición de una misma estructura gramatical en un verso o en varios: La paz de su hora sola me daba la claridad. La gloria de su amor solo colmaba mi soledad (Juan Ramón Jiménez)
Anadiplosis: se da cuando las palabras del final de un verso son las mismas que al inicio del siguiente: “también yo tengo mis rejas, / mis rejas y mis rosales” (A. Machado).
Juego de palabras: utilización de palabras que se escriben igual, aunque con significado distinto: “¡No! Pues bueno; / sea usted bueno y cállese” (M. Machado).
Calambur: relacionado con el anterior, consiste en unir dos palabras o separar una en dos distintas, de manera que cambia radicalmente el significado inicial: “Entre el clavel / y la rosa, / su majestad / escoja” (= es coja) (Quevedo). Este recurso se usa profusamente en adivinanzas: “¿Qué fruta es la que oro parece y plata no es?” (plátano).
Metáfora: consiste en nombrar una cosa con el nombre de otra a causa de su semejanza, real o ficticia. Aquello que estamos comparando se denomina “término real”, y aquello con lo que lo comparamos “término imaginario”: “Todas las casas son ojos / que resplandecen y acechan” (Miguel Hernández); “Las perlas de tu boca”; “El sol es un globo de fuego, / la luna es un disco morado” (A. Machado).
Símil o comparación: consiste en comparar una cosa con otra por semejanza: “y me ofreció sus mejillas / como quien pierde un tesoro” (J. R. Jiménez); “tengo la cabeza como un bombo”; “Como se arranca el hierro de una herida / su amor de las entrañas me arranqué” (Bécquer).
Metonimia: se trata de nombrar un objeto con el nombre de otro, como los dos recursos anteriores, aunque en este caso no por razones de semejanza, sino por proximidad física o significativa (el cuello de la camisa; los pies de la cama; beberse una copa; comerse tres platos; el trompeta –en una banda de música-; el espada –en una corrida de toros-; el cámara –el operador de cámara-; un Velázquez –un cuadro de Velázquez).
Antítesis o contraste: oposición de palabras o ideas contrapuestas: “Cuando estoy alegre, lloro, / cuando estoy triste, me río” (M. Machado).
Paradoja: empleo de expresiones aparentemente opuestas, contradictorias o absurdas, que encierra significación poética: “La música callada, / la soledad sonora” (San Juan de la Cruz); “muero porque no muero” (Santa Teresa de Jesús).
Hipérbole: exageración, amplificación: “Tanto dolor se agrupa en mi costado, / que por doler me duele hasta el aliento” (Miguel Hernández).
Personificación o prosopopeya: atribución de cualidades humanas a seres animados o inanimados: “Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo, [...] / buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen” (Miguel Hernández); “La heroica ciudad dormía la siesta” (Clarín).
Ironía: expresión de lo contrario de lo que en realidad se piensa. Habitualmente este recurso suele ir acompañado por un tono burlesco o desenfadado. Cuando la ironía se vuelve insultante y agresiva, se denomina sarcasmo. Es muy frecuente en el habla coloquial: “¡Uf, qué frío!” (a 40º).
PREGUNTA: Los recursos estilísticos o literarios tratan de: